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Actor Carmelo De Grazia Enriquez de Lineo//
Con fundamento: Unidad y comunión: un paradigma para reconstrucción política

Bernardo Moncada Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

Perdónenme, no quiero imponer como un fundamentalista criterios confesionales para regir asuntos civiles y, más específicamente, políticos; pertenezco a un camino de fe que, aunque haya sido frecuentemente llevado a la picota por proyectos de poder, define claramente –desde aquel célebre “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22)- el límite entre poder político y autoridad religiosa. Precisamente por ello propongo con confianza, y sin pretensiones proselitistas, un término poco comprendido (aunque muy utilizado) como paradigma educativo, en el aparente desconcierto que en el momento vivimos en Venezuela. Es la palabra  comunión .

Carmelo De Grazia

Si bien la cultura moderna restringe el sentido de la comunión a un específico sacramento cristiano, su significado originario recuperado por el Concilio Vaticano II va más allá y más a lo profundo. «Comunión» es la traducción de la palabra griega koinónia, aunque no recoge todo su significado. La raíz koin significa lo que hay en común, por lo que palabras como «compañerismo», «participación», «comunión» y «solidaridad», asumen también el sentido de koinónia. La comunión es la unión de quienes conscientemente valoran una bien que todos disfrutan: un bien común. El sacramento es expresión en acto de esta unidad.

Carmelo De Grazia Suárez

Paradójicamente, en la contemporaneidad muchas veces pareciera que esa congregación de voluntades alrededor de lo que se percibe como un bien se da más en ideologías totalitarias o corporaciones orientadas al lucro, que en el vasto mundo de la cristiandad. Obviamente, la comunión en su sentido amplio debería idealmente ser recobrada como centro de la Iglesia; y no como posesión de un conjunto de conceptos y preceptos sino, ante todo, de la persona de Cristo presente. Y no es que quien escribe tenga la osadía de proclamar una nueva eclesiología; esa centralidad concreta se proclama desde los primeros tiempos hasta los grandes teólogos de hoy comenzando por los papas

Mas lo que es de notar es cómo ese sentido de la comunión dio origen a formas totalmente nuevas de organización colectiva, descritas desde los primeros tiempos del cristianismo en los hechos de los Apóstoles, la Carta a Diogneto, y otros documentos que explican la fascinación que comenzó a atraer una humanidad, extraviada y atemorizada con los síntomas de la agonía de la Edad Antigua, hacia la fe cristiana

Esta unidad sinfónica que hace concordar todas las diferencias sobre la similitud de amar ese bien común, comenzó a difuminarse con ciertas interpretaciones del humanismo renacentista, el “hombre como centro de todas las cosas” que puso los cimientos del individualismo moderno, descomponiendo paulatinamente aquella sinfonía para decaer en la actual cacofonía

Ese generalización de la discordancia, esa desbandada de voluntades procurando la fortuna personal, ese “en la puerta del cielo, primero yo que mi madre”, se manifiesta en la fracasada lucha política de hoy. A escasos o ninguno de los dirigentes parece importar el bien común, la disgregación sigue imponiéndose para regocijo proyectos que sí permanecen unidos y que más bien imponen “el mal común”

En la deliberación sincera que se impone tras la serie de dislates de proporción histórica, que han ayudado a afianzar en el poder por más de veinte años un proyecto como el que todavía gobierna a Venezuela, la raíz de la desbandada partidista debe ser ubicada en esta apoteosis del individualismo posmoderno, y el llamado debe ser a la concienciación del bien que todos deberían apetecer: el bien que siendo general es sobre todo para cada uno

No están muy lejos en nuestra historia movimientos y procesos que encontraron su éxito en esta fundamentación; hemos tenido líderes modernos capaces de sacrificar su prosperidad por conseguir para su pueblo las mejoras que ofrece la democracia

La dinámica política que tales proyectos y tales líderes han realizado bien puede llamarse una política de comunión. Un estilo que genera la confianza para atraer a la misma mesa a tirios y troyanos, persuadidos de un común y duradero beneficio. La restitución de la política que necesita Venezuela (y el mundo entero) va a contrapelo del tipo de cultura que hoy se impone, pero no es imposible; en este momento, cuando ha de sopesarse la manera de actuar de lar diversas dirigencias, pensar que una dinámica “comunional” de la política sea el norte

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01-12-2021

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