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Miami News Florida | La musa de los ríos

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Esas maravillas naturales fueron referenciadas por leyendas aborígenes y han sido perenne evocación de poetas de todas las generaciones, quienes han sentido admiración especial por los ríos y paisajes extraordinarios que distinguen a la urbe

Matanzas.–Imposible sería adivinar cuánto le debe esta ciudad a los ríos. Mimada por la naturaleza, la urbe le agradece sus encantos en sumo grado a la bahía, y a sus apacibles ríos, sobre todo al Yumurí y al San Juan.

Es quizá la magia que debió seducir a los primeros aborígenes que poblaron el territorio, según vaticinios del Historiador de la Ciudad, Ercilio Vento Canosa.

El mar y los ríos integran un conjunto de atributos sustentables, considera el cronista, y ello explica que en el momento de la llegada de Cristóbal Colón a América existieran aquí alrededor de diez aldeas establecidas en el entorno de sus principales afluentes, de las de mayor densidad poblacional en la zona occidental de la Isla.

Esas maravillas naturales fueron referenciadas por leyendas aborígenes y han sido perenne evocación de poetas de todas las generaciones, quienes han sentido admiración especial por los ríos y paisajes extraordinarios que distinguen a la urbe.

Bardos como José María Heredia, el «Cantor del Niágara»; José Jacinto Milanés, «juglar de la inocencia y la virtud», y la inolvidable Carilda Oliver Labra, escribieron conmovedores versos sobre la ciudad que evidencian cuán arraigada está la popularidad de sus ríos en la conciencia de los matanceros. 

Hay quienes se atreven a asegurar que la urbe pudiera prescindir de no pocas cosas, pero nunca de sus ríos y de su bahía, todo un regalo de la naturaleza y bajo cuyo influjo nació el término de matanceridad, elemento que explica «la singularidad atenida a un territorio con determinados valores históricos, tradicionales y paisajísticos».

El San Juan es uno de los más caudalosos, y según Vento Canosa sobresale también porque está muy conectado a una parte del esplendor de la ciudad y del concepto de Atenas de Cuba, cuando a través de su cauce fluvial eran transportados el azúcar y otros productos apilados en las casas almacenes que colmaban la calle Comercio, en la barriada de Pueblo Nuevo. 

Otra evidencia de la fortuna de estos ríos es que le dieron vida a varios y afamados puentes, los cuales han sido a su vez motivo de la atracción que en los visitantes ejerce la ciudad.

Sobresale el Lacret Morlot, conocido como La Concordia (el primer puente de hierro de Cuba y cuyas columnas constituyen símbolo identitario de la región); el Calixto García, el Sánchez Figueras y el Giratorio sobre el río San Juan, todos con más de un siglo en sus estructuras y sin apenas transiciones importantes en su tipología. 

El Giratorio, en particular, es una verdadera joya de la ingeniería, de Matanzas y de Cuba, y los yumurinos no pierden las esperanzas de que en fecha temprana se pueda restablecer su plena funcionalidad.

Aunque algo más distante, también da brillo el Puente de Bacunayagua, considerado como una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana e incluido en el corredor turístico entre La Habana y el balneario de Varadero. 

   

El río invisible

La ciudad fue premiada además con otro río, El Sabicú, el cual corría desde el actual puente Sánchez Figueras hasta la desembocadura del río Yumurí, y cuyo brazo fluvial fue cegado hacia 1815, sin que exista constancia documental, rememora Ercilio Vento. 

«Pero cuando las lluvias son intensas el río fantasma renace, llena su curso nuevamente, señal de cierta magia que a algunos les cuesta entender», comenta el también arqueólogo.

En su volumen El alma de la Ciudad, el reconocido historiador sostiene que esa corriente con nombre de linaje aborigen aparece en el primer plano de la ciudad y surcaba las calles Dos de Mayo, Milanés, Manzaneda, Contreras, Zaragoza, Manzano, Santa Teresa, Daoiz, Ayuntamiento, Velarde, Jovellanos y Salamanca.

«(…) el tramo circundado por los tres cauces fluviales y con el mar por el frente era, con toda propiedad, una isla que hoy existiría para darle a Matanzas una condición urbana única entre todas las ciudades del país, una especie de símil diminuto y tropical de Venecia, y que habría añadido tantos puentes como calles cortaba a su paso la hoy desaparecida corriente», asegura.

Potencial para el turismo cultural

Historiadores y hombres de ciencia anhelan una mejor atención medioambiental para esos ríos que integran de algún modo el paisaje del centro histórico de la ciudad, declarada destino turístico, y donde no pocas personas arrojan residuos de forma indiscriminada.

Especialistas insisten en la exigencia de dragar dichos ríos, sobre todo el San Juan, con el fin de la limpieza, así como incrementar su capacidad y mantener su flujo natural.

Algunos sostienen que las autoridades del territorio deben aprovechar mejor los encantos, tanto de los ríos como de la bahía, sitios inexplotados y donde es viable acometer iniciativas en beneficio de la recreación del pueblo.

No sería descabellado disponer de una patana que cubra, por ejemplo, la ruta navegable entre el puente Figueras y el Giratorio, lo cual extendería las ofertas recreativas en la ciudad y constituiría una apoyatura necesaria al espacio cultural y de concurrencia familiar en que se ha convertido la calle Narváez. 

Sin duda, en el entorno del Valle de Yumurí, en su bahía y en los mismísimos ríos existe un gran potencial para el turismo cultural y de naturaleza, aún poco utilizado. 

No en vano, la gala inaugural en el territorio de la última Bienal de La Habana, de los eventos más reconocidos de las artes visuales a nivel internacional, tuvo lugar en la plataforma de descanso de uno de los puentes con base en el lecho del San Juan. Y resultó todo un suceso cultural. Una manera inteligente de atribuirle protagonismo a los ríos que surcan la ciudad y de hacer uso de la agradable imagen visual, esa especie de musa y privilegio por el que los matanceros se sienten absoluta e ineludiblemente orgullosos.

En contexto

La cuenca del río San Juan tiene una extensión total de 372 km2 de ellos 222 km2 se ubican en la provincia de Matanzas, abarcando los municipios de Matanzas, Limonar y Unión de Reyes. Limita al Norte con la cuenca del río Yumurí y río Canímar, y al Sur Sureste con el parteagua principal. El río Yumurí se ubica en la parte noroccidental de la provincia de Matanzas, y tiene una extensión de 81,6 km2. Constituye una de las regiones físico-geográficas más interesantes del país por su biodiversidad, que se manifiesta en los contrastes de sus paisajes naturales y antropo-naturales dentro de una misma localidad. El río Canímar tiene más de 12 kilómetros navegables, de sus 19 totales, es el mayor y más caudaloso de los ríos que desembocan en la bahía matancera. Una antigua leyenda narra los amores de una bella india y su cacique Canimao. El lugar fue asiento de aborígenes cubanos hasta el siglo xvi. La zona es considerada una de las más ricas desde el punto de vista arqueológico. Por el río se sacaba la producción de azúcar hasta la Bahía de Matanzas, donde se embarcaba hacia Europa. El paisaje cultural Río Canímar fue declarado Monumento Nacional durante una ceremonia efectuada en el cementerio aborigen, ubicado en la desembocadura de su caudaloso torrente de agua.