Entretenimiento

Puerto Rico: Ejemplo de ‘Estado fallido’

En los años 50, con la aprobación de la Ley de Relaciones Federales y la Constitución del ELA, se dio inicio a un experimento de “Estado“. El Diario de Sesiones de la Cuarta Comisión de la ONU está repleto de citas en las que se le reclamó a EE.UU. respecto a que dicha propuesta en nada podía considerarse como descolonizadora y mucho menos una de autogobierno. Recientemente, en Pueblo vs. Sánchez Valle, la letra de la jueza Kagan relegó nuestra constitución al nivel de una “ordenanza municipal” similar a la de cualquier “county” de EE.UU. El experimento siguió avanzando, hasta en definitiva poder concluir al día de hoy que Puerto Rico es un experimento de Estado que falló

En los años 50, con la aprobación de la Ley de Relaciones Federales y la Constitución del ELA, se dio inicio a un experimento de “Estado“. El Diario de Sesiones de la Cuarta Comisión de la ONU está repleto de citas en las que se le reclamó a EE.UU. respecto a que dicha propuesta en nada podía considerarse como descolonizadora y mucho menos una de autogobierno. Recientemente, en Pueblo vs. Sánchez Valle, la letra de la jueza Kagan relegó nuestra constitución al nivel de una “ordenanza municipal” similar a la de cualquier “county” de EE.UU. El experimento siguió avanzando, hasta en definitiva poder concluir al día de hoy que Puerto Rico es un experimento de Estado que falló.

En la década de los 90 y el inicio de la globalización económica junto con el nuevo orden mundial multipolar, comenzó el uso del concepto “Estado fallido”. En esencia se trata de un Estado que ha demostrado incapacidad de garantía de provisión de servicios básicos a quienes residen en el mismo. Entre sus características se encuentran: (1) pérdida del control sobre la seguridad dentro de su territorio; (2) incapacidad para suministrar servicios básicos; (3) gobierno débil y/o ineficaz; (4) altos niveles de corrupción y criminalidad; (5) marcado deterioro económico. ¿Cuántas de estas características podemos identificar en el Puerto Rico de hoy?

Algunas de las causas que podemos identificar en nuestro caso son: (1) ausencia de claridad respecto a la delimitación de alcance de ejecución del poder y/o competencias administrativas entre el gobierno local y el federal; (2) falta de continuidad en los programas y proyectos sociopolíticos y económicos desde el comienzo de la alternancia en el poder entre los dos partidos principales en 1968; (3) aislamiento del resto del mundo más allá de EE.UU. en cuanto a las mejores teorías y técnicas de administración pública; (4) degradación del principio de mérito en la selección de los funcionarios; (5) el sostenimiento de un modelo interno de distribución territorial del poder y/o competencias administrativas antiquísimo que data de los tiempos de la colonización española, siglos atrás, en los que no se contaba con la infraestructura ni mecanismos de comunicación actuales. En esto último, entiéndase, el diseño de gobierno municipal actual, empeorado en su momento por la Ley de Municipios Autónomos.

Desde el cierre del gobierno en 2006, pasando por la recesión económica, el impago de la deuda externa en 2014, el huracán María y recientemente los terremotos, hemos percibido con mayor impacto la antedicha realidad de que Puerto Rico es un ejemplo de ‘Estado fallido’.

Ante el ‘Estado fallido’ y por ende la incapacidad del mismo para brindar seguridad, estabilidad y servicios básicos al ciudadano es que hemos visto en los recientes movimientos telúricos, especialmente en el área sur del País, a: (1) alcaldes que aguardan que su personal baje al anciano que no puede caminar y justo cuando lo van a sentar en su sillón de ruedas le agarra un brazo para salir en la cámara como que está haciendo algo; (b) a los senadores que se toman la foto acariciando la columna agrietada como si con el “sobito” la fueran a enderezar; (c) a los políticos que pernoctan con los que acampan en algún estacionamiento abrazándolos para que digan que está trabajando por ellos; (d) la etiqueta con el nombre del político sobre la bolsa plástica de suministros donada por terceros para los damnificados; (e) las extensísimas conferencias de prensa para repetir por decenas de ocasiones la misma información que se podría brindar en quince minutos; (f) los ‘tours’ de políticos por las plantas de generación de energía sin que alguno de ellos sea ingeniero eléctrico o ingeniero estructural; y (g) el político que alega tener línea directa con el gobierno de EE.UU. para pedirle “chavitos” y que por ende deben votar por él o ella.

Dentro de esto, no podemos olvidar al que ha sido legislador o asesor a contrato del gobierno que ahora es “analista” o comentarista. El cual no hizo nada para atender los factores que nos convirtieron en un ‘Estado fallido’. Pero ahora tiene la osadía de criticar la “construcción informal”. Ciertamente esa informalidad de construcción en precario que ahora algunos comienzan a mirar por primera vez es también el resultado de un ‘Estado fallido’ que nunca ha sido capaz de crear las condiciones para que sus residentes eviten esa fragilidad. Ante un ‘Estado fallido’ se sustituye el esfuerzo intelectual que conlleva el liderazgo por la apariencia de “hacer algo”, pero que a la larga no atiende ni resuelve el problema de fondo.